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Filosofía y poesía en la obra de Jaime Labastida

Por domingo 29 de agosto de 2010 Sin Comentarios

Por Mario Arturo Ramos*

El pensamiento filosófico y la expresión poética general­mente son posiciones antagónicas: En Atenas. Platón descalificaba el resultado de los poetas por que consideraba que no afirmaban ni negaban nada (una máxima po­lítica mexicana contemporánea, aumentaría el comentario: sino todo lo contrario). Por lo tanto sentenciaba era necesario segregar socialmente a los bardos y sus poemas por imaginarios, agregaba con autoridad: los poetas crean dioses, los filó­sofos ideas. En el lado opuesto el inigualable alemán Goethe, sostenía que si los aedas pensaban filosóficamente en el mo­mento de la creación, frustraban este momento mágico que alienta la construcción artística.

En mis diálogos con el Presidente de la Asociación José Ley Domínguez, ingeniero Carlos Antonio Sosa, comentamos que pocos son los creadores poéticos que logran conjuntar el aná­lisis y las emociones humanas. Carlos cita a Nietzsche, figura cultural que trató de fusionar las vertientes y por intentarlo sus detractores le inventaron una falaz consideración prejuzgán­dolo como loco. La ciencia de la filosofía y el arte de la poesía a simple vista parecen espacios irreconciliables, la primera por ser producto del intelecto, de la búsqueda de la verdad, de es­cudriñar en el conocimiento, de afirmar determinadas cosas y negar el opuesto a ellas; la poesía en cambio es un arte de refe­rencias, alusiones, y figurativos, por eso la primera es resultado del hombre sabio y la segunda del hombre escritor.

Sin embargo también en la charlas con el ingeniero Sosa, comentamos que en la poesía mexicana existen autores que en su tarea logran unir ambas posiciones; hablamos de Alfonso Reyes, Octavio Paz, Jaime Labastida. En el caso del escritor mo­chiteco su desarrollo intelectual lo ha llevado a incursionar en el análisis del pensamiento de la cultura, a la vez que en su obra literaria coloca en sus textos todas sus facultades racionales y sensoriales: intuición, emoción, sensibilidad, manejo lingüístico, ritmo y humor, es por ello que estas virtudes lo clasifican como un poeta en toda la extensión de la palabra y un pensador sobresaliente; ya que logra sintetizar la máxima (filosofía) del ser como proyecto y la figura (poesía) del proyecto del ser.

La poesía nacional después de los cincuentas deja de ser un acto puramente individual y reúne a iguales que conforman grupos que comparten intereses estéticos, sus integrantes no pierden sus personalidades pero se unen como identificación. Así nace “La espiga amotinada” con autores de diferentes rum­bos de la patria, que tienen en común sus necesidades de pu­blicación. Labastida es uno de motores del grupo que con dis­tintas temáticas asumen su responsabilidad de escribir bien; el compromiso de aceptar ser continuación de sus predecesores y peldaño del futuro imaginario, entendiendo que la obligación del poema está con el lenguaje al convertirse en una sobresaliente manifestación de su voz, no im­porta que se le clasifique como presencia de la musa o inspira­ción. La filosofía y la poesía (en ese orden o viceversa), en Jaime siempre esta latente, una sin la otra no la podemos entender, su simbiosis la nutre de identidad; de esta forma el autor sinaloen­se que se adentra en su séptima década ha dejado huella en las le­tras nacionales, en sus tiempos de editor, promotor, autor, filósofo y poeta.

Celebramos que existan esta clase de aedas, ya que la poesía tiene múltiples vertientes y la filosofía infinidad de escuelas; la obra de Jaime Labastida es una muestra, por eso la celebramos, por eso la leemos e invitamos a todos a hacer lo mismo, ese el mejor homenaje para un sina-loense que honra a su estado y a México.

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