Nacional

El poeta queretano que publicó en Mocorito, Juan B Delgado

Por domingo 15 de agosto de 2010 Sin Comentarios

Por Mario Arturo Ramos*

Erase el canto erótico que ufano
y alado trovador alza en su vuelo,
es el rey que domina soberano
del Anáhuac en los bosques seculares,
el bardo de dulcísimos cantares,
el moreno cenzontle mexicano.
(Fragmento) Natura.

La primera década del siglo XX mexicano, encontró en Mocorito, Sinaloa, un lugar para el desarrollo de la poesía. Enrique González Martínez, Sixto Osuna, José Sabas de la Mora sacaron a la luz pública el 1º de junio de 1907, la Revista Arte, publicación mensual que vivió hasta marzo de 1909. La tribuna artística mocoritense, abrigó a escritores de todos los rincones de México y de más allá de las fronteras para que en sus páginas dejaran plasmados textos producto del ta­lento, vocación y disciplina. En el sexto número de la revista –diciembre de 1907–, González Martínez en la presentación del “Poema de los arboles”-producto de la pluma del mayor poeta queretano- escribió: “Algo más que unas breves notas bibliográficas merece don Juan B Delgado autor del Poema de los arboles, que esmeradamente impreso y con ilustracio­nes de (Julio) Rúelas hemos recibido y tenemos el gusto de reproducir. Un estudio critico, juicioso, extenso y detenido ha menester quien años hace que cultiva gallardamente la poesía sana, noble y vigorosa de que son muestra los varios libros que lleva publicados. Pero esos estudios escasean en mucho en esta república indiferente al arte y desdeñosa de lo que no sea fama populachera o imagen de genio incompren­dido, o reputación impuesta por decretos oficiales.” La nota introductoria obedecía al respeto ganado por un poeta que gozaba de prestigio ganado a buena ley libro en los círculos literarios.

Después cuando el crepúsculo heraldo de la noche,
prendió a la blonda Venus un irisado broche,
allá… en la lejanía,
vi que las cabañas, con presuroso vuelo,
con el alma de los arboles en humo azul
al cielo triunfalmente ascendían”
(Fragmento) Poema de los árboles

Juan Federico Francisco de Jesús Delgado Altamirano, na­ció el 29 de agosto de 1868 en la ciudad de Querétaro (hoy, Santiago), en la familia formada por Juan María Delgado Ana­ya y la señora Etelvina Altamirano Monterde. Su padre falle­ció cuando cumplió el aeda 8 años, en estos ayeres sus tíos Eduardo y Fernando se hicieron cargo de los requerimientos económicos del poeta. Las reglas sociales conservadoras de su lugar natal lo llevaron a cursar sus primeros estudios en el Seminario Conciliar de Querétaro, sin embargo el contacto con expresiones de las bellas artes y fortaleció su pensamien­to liberal otorgándole el impulso que lo llevo a trasladarse a la ciudad de México, con el propósito de inscribirse en la Escue­la Nacional Preparatoria, preámbulo para proseguir sus estu­dios en la Facultad de medicina –semillero de poetas, basta nombrar a Manuel Acuña–, proyecto que abandonó. En esta etapa – arcada por la publicación de sus sonetos- comenzó su intercambio con Manuel José Othón, correspondencia de alto valor que fue compilada en “Epistolario” por potosino y, que es considerada una joya entre la producción de Othón.

En 1898, teniendo como tema su contacto con la natura­leza, vivencias nutridas por sus viajes al Estado de Guerrero, Delgado pone en las manos de los lectores “Poemas de las montañas”, en el poemario se encuentra incluido “Natura” verso que fue elogiado por especialistas y profanos y del que retomamos un fragmento; al poco tiempo –1900-1901– dio a conocer su célebre “Las canciones del sur” –Canciones suria­nas–. Enrique González Martínez opinó sobre el libro: “Y sin embargo la critica que asoma de tarde en tarde el rostro en la prensa literaria, no ha sido precisamente esquiva con el autor de “Canciones surianas”, poeta enamorado de la naturaleza y que ha sabido sorprender muchas veces con secretos encan­tos”, por estos aciertos temáticos del queretano que desta­caba el poeta jalisciense, sus detractores lo hacían víctima del sarcasmo otorgándole el titulo de” Poeta de los alacranes”.

Burla el empeño
que audaz la hostigo
y más la sigo cuando más se mofa,
y más se mofa cuando más la sigo.
(Fragmento) “Febrero loco”

El reconocimiento a los trabajos de Juan surgió, por todos los caminos del país. Los principales promotores de la poesía mexicana se encargaron de que su obra llegara a los diletan­tes, así llegaron a la llamada Atenas de Sinaloa sus poemas, así participaron en la publicación que llena de orgullo a la cul­tura sinaloense: la Revista Arte. El 8 de marzo de 1929, en la vieja Tenochtitlán se escribió el final de un ser que enriqueció la lirica nacional con las obras de su autoría: (sonetos Juveni­les”- 1894- “El país de Rubén Darío” –escrito mientas ocupa­ba el puesto de cónsul mexicano en Nicaragua-; “Alma ver­nácula”- 1914; “Florilegio de poetas revolucionarios”-1916-; “Bajo el Haya de Titiro”- 1919/ 1920-; “El cancionero nómada” – 1922/1923-. Su ceremonia fúnebre contó con la presencia de destacadas figuras del arte y la política, ya que se le reconocía por haber desempeñado el puesto de secretario particular, de José María Pino Suarez. Entre los asistentes como epitafio se citó a un ensayo de Enrique González Martínez sobre el oficio que ejerció el que partía en las alas de la muerte:”(fue)… un escritor a quien no puede ponérsele más tilde que ser celoso en demasía de los fueros del idioma.” Así era el poeta quere­tano que publicó en Mocorito.

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