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La destrucción de los Archivos Municipales

Por domingo 13 de junio de 2010 Sin Comentarios

Por Ernesto Parra Flores*

Archivo (del latín archivum) lugar o paraje en que se conservan con separación y seguridad papeles o do­cumentos. Los archivos nacieron por la necesidad de perpetuar la memoria de los hechos más trascendentes de una familia, un pueblo o una cultura. Dejar a la posterioridad pruebas sobre batallas, acuerdos entre personas o entre pueblos amigos o enemigos; desastres naturales o fenómenos de cualquier tipo que alteraran la vida cotidiana.

Registrar lo que un grupo acordaba para tomar posesión de bienes arrebatados o adquiridos, conquistados u obse­quiados. El archivo es el compendio del acontecer diario, ruti­nario o extraordinario de la vida. En un principio debieron ser de propiedad particular, pero el bien común obligó a que fue­sen un tesoro público resguardado por las autoridades civiles o religiosas. Tanto los palacios como los grandiosos templos, dieron albergue a un extraordinario acervo documental: Gre­cia, Italia, Francia, Alemania, Baviera y el Archivo de Indias en España y el del Vaticano, por mencionar ejemplos , sin dejar de lado el Archivo General de la Nación de nuestro País.

Actualmente los países valoran y custodian sus archivos como un verdadero tesoro y se requiere de cumplir varios re­quisitos para acceder a ellos; algunos no están a disposición del público totalmente pues mantienen en secreto documen­tos que consideran “prohibida” su consulta (el Archivo del Vaticano). En México consideramos al Archivo General de la Nación, el que contiene nuestro mayor acervo cultural por su cantidad de documentos valiosísimos.

Como los mismos pueblos, los archivos han sufrido aten­tados en todos las épocas, tanto de las inclemencias del clima y del tiempo como por acciones del mismo hombre. Durante los movimientos armados, los archivos fueron saqueados y hasta usados como combustible para encender fogatas; a pe­sar de la erosión natural y del vandalismo, hubo archivos que lograron sobrevivir casi completos –casos raros-, pero otros fueron destruidos casi totalmente.

Los archivos parroquiales, en los pueblos con arraigo reli­gioso, fueron cuidados con mucho celo y conservan documen­tos muy valiosos para el conocimiento de nuestro pasado.

Durante la Revolución Mexicana los archivos sufrieron, tal vez, el mayor atentado, pues los distritos, ayuntamientos o alcaldías. Eran el blanco de cualquier grupo de levantados; era en estos lugare donde solían establecer sus cuarteles y sa­queaban, además de las oficinas de Hacienda (por aquello de los dineros), cualquier cosa que les sirviera de alimento o para calentarse o preparar las comidas. Aquí servían muy bien los archivos ¡y hasta las obras de arte en muebles o en cuadros de pinturas!

En algunos lugares donde las “autoridades” lograban sor­tear alzadas o ataques, negociando o aliándose con los revo­lucionarios, los edificios, y la población misma, fueron respe­tados.

En los tiempos presentes los ayuntamientos generan cada vez más documentos que no alcanzan a ordenar y guardar en algún local que tenga las condiciones para que pueda ser consultado con eficacia por los interesados. Esto motiva a los organismos culturales a tener entre sus principales objetivos el Rescate de los Archivos, tanto municipales como parro­quiales, pues son la fuente de consulta de primera mano para investigadores, historiadores y cronistas. En El Fuerte, hemos iniciado esta importante tarea, La Crónica de Sinaloa y H. Ayuntamiento con el valioso apoyo de la Universidad Autóno­ma de Sinaloa. Consideramos que este mismo año habremos de tener ya un archivo en óptimas condiciones para su consul­ta y como un atractivo cultural de este Pueblo Mágico.

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